29 de julio de 2007

Calma y protección ®

Ese gesto que dibujan mis labios al recordar tu figura me recuerdan este enigmático momento por el que estamos atravesando…

…Supiste ser ese paisaje perfecto, como de cuento, con flores, árboles, pájaros cantando, niños jugando alegremente, ese sol brillante y aquel cielo azul que parece envolver al mundo, como tratando de protegerlo, tal como con tus brazos me mostraste lo que es cuidar, proteger y hacer que alguien se sienta querido y deseado. Así, sin embargo, tanto como el tiempo te fuiste transformando en tormenta, aquella que envuelve cada rincón de estas paredes, donde supo existir la alegría mágica de ese afecto que en tiempos pasados me entregaste, y que hoy, tras ese cambio repentino se esfuman arrastrados por los fuertes vientos de tu adiós y por la marea de mis lagrimas que noche tras noche buscan una respuesta de tu desición. Mi corazón y mis ideas buscan un motivo, una razón que justifique tal acción, pero no la encuentran, no logran absorber el mensaje de tu partida ni comprender la decisión que logró producir este viraje del tiempo, permitiendo que todo ese brillo y ese azul penetrante se convirtieran en gris, oscuro y tenebroso.
Mis intenciones no encuentran la salida, no saben que camino tomar, si subirse a la escalera, ensuciarse las manos y limpiar esas nubes para que toda esa magia escondida tras la tormenta aparezca nuevamente; si esperar bajo un árbol coposo, que las proteja de los refucilos mientras pasa la tormenta (¿será pasajera?); o si estar de pie mirando a los ojos del torbellino en busca de una respuesta, dispuestas a lastimarse con los rayos a fin de expresar que solo quieren la paz, que solo buscan tregua y un volver a empezar. Este no saber por donde intentar, o cómo recomenzar, provoca que el clima interno se vuelva confuso, que en los adentros la nube del corazón vaya transformando esa calma, esa espera, en huracán. Huracán que ni bien se forme lanzara sus aguas en cualquier dirección, sin motivo ni razón, solo porque tu partida lo lastimo, lo transformo, y no encuentra dirección que ayude a liberar esa lastimosa desazón que causo tu partida, tu traición. Pues el corazón no esta dispuesto ni preparado para que otra vez lo dejen solo, como si fuera un objeto que con ayuda del mecánico, Don Coraje, se repare, e inundado por optimismo y valentía de haber conseguido un motor nuevo, salga a la calle en busca de un lugar donde pueda estacionar, sin que el espacio para su carruaje sea tan angosto que lo expulsen en el primer intento de dejar parado su armazón.
Ese pedazo de chatarra, después de tantos golpes y multas que ha sufrido, ya no tiene esa energía, a la que llamamos sangre, para salir de ese rincón, en el que se posó para cubrirse de la elegancia y arrogancia de aquellos motores nuevos que solo desfilan en la avenida del amor para dejar una gota de su sangre, que deja famélico a cualquiera que haya tenido la oportunidad de saborearla. Tengo sed de tu sangre, tengo ganas de ese espacio que sueles dejar, para estacionar mi pequeña y tierna chatarra, que, pese a toda fractura y multa que pueda haber recibido, sigue dispuesta a estacionarse ante el primer cartel que señalice la existencia de un lugar en el que quepa holgadamente su armazón, tanto así que tenga lugar para respirar ese aire puro, donde sienta que el corazón que la protege del otro lado sea dueño de un pedazo de avenida en el que puedan verse todas las mañanas, ese sol brillante y ese azul del cielo penetrante que cautiva y protege hasta al mas desvalido corazón que busca protección…

15 de julio de 2005