Un chirrido a cada paso, cual maquina a punto de estallar. Dolor punzante que articula mi palabra y provoca malestar. Me deja en silencio, me deja sin hablar.
En unos días más el chirrido cesará hasta que la rueda vuelva a comenzar. En unos días calmará, pero las secuelas del progresivo desgasté no se van a borrar, y en un nuevo episodio de malestar, cada vez el dolor aumentará.
Fenómeno psicosomático que indica la presencia de ese estado postmoderno que llamamos “Estrés”. Me pregunto cuántos más padecerán este malestar. Al encontrarnos en una sociedad sin tranquilidad, paradójicamente colmada de compromisos y al mismo tiempo poco comprometida con la labor de la humanidad. Sin tiempo, a grandes velocidades, sin descanso ni espacios se mueve la vida. Todo acelerado, representado por grandes cambios y nuevas tendencias, donde vivir “a full” es sinónimo de salubridad. Sociedad en la que mantenerse en la misma posición es penado, “la posta es renovarse; vivir a mil”, y así nos encontramos, resquebrajados, contaminados por los chirridos de nuestros huesos que llaman a nuestra conciencia para encontrar la tranquilidad y la estabilidad.
Consecuencias de dicha sociedad son las crisis de personalidad, pues no hay una identidad de la época actual sino diversas posibilidades por las cuales optar; aunque si optas, te masificas. Ataques de pánico…perdón “Panic attacks” diría la espuma social; claro, me olvidé, la diferencia se tiene que marcar; no es lo mismo ser de aquí o de allá; o sos cabeza o sos de la alta sociedad. Otras consecuencias son los trastornos de ansiedad, “claro muchachos, apúrense a cambiar”; las depresiones, ¡cuanta soledad!, abunda la individualidad; y los desordenes alimentarios, “tipo, si no sos flaca, estás out”. ¿A dónde queremos llegar? ¿Buscamos un mundo en soledad, acelerado y a medio andar con sus piezas sin articular?
Es momento de dar una señal, de cambiar la marcha y poner un freno a la sociedad. Los chirridos nos lo piden. Conectarnos con la naturaleza y las pequeñas cosas de la vida es nuestra próxima actividad. Descansar, mirar el tiempo pasar, y detenernos en las alturas a ver nuestras vidas pasar, y poder evaluar aquello que queremos cambiar en un intento de progresar.
Basta de ruidos, basta de conectarnos con esos aparatos que invitan a la soledad. Comencemos a cuestionar, a dejar entre preguntas los valores de esta sociedad.
13 de noviembre de 2006