Habitar el espacio, el tiempo.
Habitar el recuerdo. Concertar una cita con la nostalgia y a ese encuentro
imaginario habitarlo de recuerdos. Visitar los espacios y momentos que han
dejado su marca. Visitar sus gestos, sus promesas, sus dolores, sus aciertos,
sus dificultades y sus amores.
Es necesario darse ciertas
visitas para saber que están ahí, que habitan en nosotros, que no se han ido.
Más que dolores, amores. Más que viejos, grandes.
Espejos, Otros, Otredades; a
veces discordantes, pero nuestros. Necesarios.
Están ahí porque dejaron su
marca. Están ahí porque los necesitamos. Están ahí porque de vez en cuando es necesario
revisarlos para identificarlos/nos.
Son visitas, como las visitas de
los domingos por la tarde a tomar el té. Tocan el timbre, sabemos que llegaron
y que vienen a quedarse al menos un rato. Van a tomar nuestro tiempo, en
hebras. Van a desenhebrar el recuerdo y con ello sus sentimientos. Van a
quedarse para hacernos saber que existen, que habitan allí donde más nos
extrañan…
21 de mayo de 2014