A veces el amor es una baldosa floja en un día de lluvia.
Con toda la suerte uno camina y pisa de tal forma que nos permite disfrutar del
olor a lluvia recién caída, de los colores de las cosas que están más limpios
que nunca y del aire fresco, esa bocanada; pero la mayoría de las veces se
parece más a esa baldosa floja que uno pisa con tanta desgracia que toda el
agua sucia se nos mete en el zapato y las gotas de barro nos dibujan una pintura
impresionista en el pantalón.
10 de febrero de 2016
2 de febrero de 2016
Monstruo mío ®
Ayer estuvimos conversando con mi
monstruo, por primera vez pude hacerme una imagen completa de su figura. Ya
tiene cuerpo. Es de una redondez imperfecta, casi amorfa y se alimenta de la
intimidad del diálogo.
Tiene una especie de adicción, me
dijo en confidencia: hablar conmigo; ahí es cuando se siente vivo.
Es simbiótico. Me es difícil
distinguir qué es suyo y qué es mío. Entonces nos urdimos en intercambios
interminables de los que termino agotada, pequeña. Y él, sin embargo, cada vez
más grande, más amorfo y terrorífico.
Si quisiera librarme de él
debería ser otra, habitar otro espacio, otro lugar subjetivo. Otras formas de
vivir, de sufrir, de amar, de pensar.
¿Qué monstruos traerá esa otredad?
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