Los días pasan cual tiempo. Los inviernos y los veranos cada vez son más intensos. Los años se cristalizan como pasado a una velocidad insospechada. Mis aptitudes físicas se van deteriorando, indicándome el paso de los años. Mis pupilas ya no miran como antes, la perspectiva se ha modificado y la distancia a la que llegan a observar se ha acortado.
Con todo, mi cúmulo de pensamientos y actitudes pareciera haberse detenido en ese momento en que, como un rito de iniciación, la niña pasa a ser considerada una señorita. Me encuentro presa de mi mente en aquel momento. Desearía poder explotar y dejar de pensar. Convertirme en un ademán y pasar al acto en un simple suspirar; sin pensar, sin hablar, sin tratar de convertir la vida en perfectas muecas que embellezcan el camino.
Quiero jugar sin tener la necesidad de gritar, sin “tener…”, “deber…”, “poder…”. Quiero sin pensar. Quiero sin querer. Quiero disfrutar. Quiero desear. Quiero recuperar la voluntad. Quiero recuperar la tenacidad. Quiero recuperar la creatividad. Quiero crear. Quiero recuperar las ganas de jugar, por el placer de golpear una y otra vez las cuerdas contra la esfera amarilla que se dirige hacia mí. Quiero llenar mi cuerpo de ese polvo color ladrillo. Caerme. Levantarme. Y volver a jugar. Intentar. Fracasar. Triunfar. Y salir sonriente de esa experiencia maravillosa que es correr, perder, volver a intentar, triunfar y volver a correr.
La vida se trata de eso, un constante proceso de vaivenes que te invitan a superarte en cada instante. A intentar una vez más el poder lograr la felicidad; momentos escasos si los hay…Alcanzable, en tanto y en cuanto uno lo quiera lograr.
Si pudiera tan solo dejar de ejercitar aquello que etiquetamos como masa cerebral, y dedicar estos años que se van, como agua por resumidero, a actividades que me propongan enjuiciar mi cotidianidad, que me llenen de esa energía que el sedentarismo no otorga, aprendería que la vida es mucho más que gritar, llorar, “tener…”, “deber…”, “poder…” y empezaría a sentirme a mí, a olerme y recuperar esa pasión de seguir, de caer, levantarme y perseguir.
Me hace falta querer. Quererme. Quererlo. Quererte. Querer encontrarme y aceptarme…
30 de septiembre de 2006