Que uno a veces sueña que los
chistes vienen en plancha, que los escenarios se mueven como olas, que los
viejos olores infantiles, que los viejos amores, que los sapos son gigantes y
están en parques de diversiones, que un amigo es todos al mismo tiempo.
Que uno a veces sueña que los
problemas se solucionan, otras que aparecen, que uno a veces sueña que
atraviesa paredes, que vive con amigos en prostíbulos, que ríe y llora y
despierta, que cumple deseos, que nos miran, que sueña, que nos abrazan al dormir.
Que uno a veces sueña
conversaciones con uno mismo, que le regalan un manuscrito original de las
historias de Cronopios y de Famas, que es un Cronopio y jamás pierde las
Esperanzas.
Que uno a veces sueña
reencuentros con aquellos que no están, que charla, que ríe, que retoma
vínculos, que los desarma y vuelven a ser lo que eran.
Que uno a veces sueña con ser eso
que no es, con ser esa mezcla que odia o a veces ama, que uno a veces sueña con
teléfonos que suenan cuando efectivamente está sonando, que uno a veces sueña y
nos despiertan y lo lamentamos, que uno a veces sueña con constelaciones que
nos envían mensajes, que un mexicano nos trae un lomito, que hay mensajes
anti-imperialistas en los diálogos “dame un abrazo, pero de los nuestros, bien
argento; no como el de los yankees, falso”.
Que uno a vece sueña feo y se
despierta a los gritos, que habla mientras sueña y, con suerte, que hay alguien
cómplice riendo para contarnos mañana, que nos caemos y despertamos
sobresaltados para descubrir que en realidad estamos en la mitad de la cama
Que soñamos, despertamos,
lamentamos, reímos, lloramos, reencontramos, fantaseamos, creamos, gritamos,
sentimos miedo, sólo para recordarnos que deseamos…
16 de Septiembre de 2014