(Partir es como despegar una piel con bisturí; requiere un trabajo
paciente y delicado – Leticia Obeid en “Preparación para el amor”).
1.
El día que Camila megusteó la foto, todo pareció distinto.
Su sonrisa iridiscente, la música brillaba y una
línea involuntaria que se fue haciendo curva.
En un dibujo, hubiese sido un aguafuerte. En un test
proyectivo, un trazo firme.
Necesitaba darle un abrazo a la ternura, que la había
cacheteado sorpresivamente.
Camila, por su parte, se quejaba de ese dedo estúpido
que había inaugurado intencionalidad donde no la había; torpeza motora.
Parar en el lugar equivocado…
2.
Música, noche
de sábado. Encuentro en camino. Colectivo de línea. De pronto, siente un dedo
en el hombro; “un toque”. Gira, mira, se desconecta con el adentro y conecta
con el afuera y escucha:
- ¿Disculpe señora, la palabra breve, lleva ‘be larga’?
- Sí. Dijo, casi alegóricamente.
Envió y ese día supo que se había terminado.
3.
A vos, la ternura.
A la de allá, la mejor declaración de amor.
A Usted, haber asistido a mi inauguración.
Por allá, si, a vos, la alegría de crear.
Por qué no, por ahí también a las que me invitaron a
eso desconocido pero fascinante del encuentro de una noche y hasta siempre.
Llegando casi al final a vos por la música, la risa
constitutiva, el brindis y los “como si”; esos en los que fuimos otrxs.
Y por ahí en el fondo, a mí misma, por la inagotable
fuente del querer.
A(r)men.