Momento de impasse, de suspenso. La vida se encuentra entre paréntesis, en un tiempo de cambio, de preguntas; tiempo en el que uno se detiene a hipotetizar sobre situaciones que son historia, que en algún momento dejaron una huella en la vida, y que marcaron el camino que se iba a transitar en un futuro. Ese camino, que día a día forjamos en cada decisión, a las que con nuestra mirada les damos la luz verde que las aprueba, para luego convertirlas en actos, muchas veces penetran hondo en nuestro destino, y otras veces pasan desapercibidas. Estas decisiones a las que damos el sello de aprobación y marcan nuestra vida, cuando son un momento presente, latente, esperando a ser aceptado para desarrollar sus consecuencias, son invisibles a nuestros ojos, atraviesan nuestro ser de norte a sur, sin convertir, en ese momento actual, nuestra esencia. Se mantienen escondidas tras los actos más irrelevantes de nuestras vidas, perpetuando su presencia hasta aquel momento en el que desarrollan su potencial para hacerse acto, hacerse consecuencia y, finalmente, dar a conocer sus características que las transforman en decisiones claves para nuestro, alguna vez futuro, y al que en ese momento llamamos presente cercano. Presente en el que no podemos hacer nada para modificarlo, pues la decisión fue tomada y como un retoño de ese originario acto de aprobación sale a la luz con toda la fuerza, diciendo presente y repercutiendo en nuestro hoy, con el deseo de ser escuchada y observada.
Gran parte de nuestras decisiones son esas futuras pruebas que, el transcurrir de nuestra vida nos va dejando vislumbrar como obstáculos que se interponen en nuestro camino, para enseñarnos a sortear ciertas dificultades, que luego, tras sus consecuencias nos convertirán en meros ganadores de nuestro destino; donde cada decisión nos otorga la posibilidad de superarnos, de dejar marcado en el tiempo ese sello de haber alcanzado la cima de aquella montaña que, a medida que la íbamos transitando y escalando, mostrando nuestra habilidad de superarla, iba adquiriendo la chatura de una llanura sin ripio, pero con la certeza de que pueda dejar una firma que, en un futuro, nos recuerde el haberla escalado y haber logrado posicionarnos en un lugar que transforma la incertidumbre en hechos palpables, donde las preguntas se convierten en respuestas, y en el que las hipótesis ya son teorías de cómo continuar el camino, cómo descender esa montaña para luego, en un futuro próximo, preparar nuestras almas para comenzar una nueva aventura que nos enseñe a transitar, superar y triunfar sobre las decisiones que configuran nuestra esencia.
Pues tendré que esperar a un futuro, a un más allá, a un porvenir próximo que me indiqué si hoy, sentada en esta silla, estoy simplemente construyendo un hecho pasajero o si estoy preparando el caldo que me brindará la energía para escalar montañas futuras, que con un poco de esfuerzo y amor propio, dejarán de estar a lo alto para colocarse a mi altura y otorgarme paz y felicidad.
Que mágico el tiempo, uno no sabe que día a día va construyendo en cada acto, en cada lugar, en cada momento, con cada persona, con cada gesto, épocas que como tinta indeleble serán recordadas en nuestros corazones, que con canciones, olores, imágenes, objetos o tal vez con un simple aire de triunfo, actuarán como disparadores de esa época construida, que hoy, en un pasado futuro, nos da la gratificación de saber que estamos vivos, que seguimos en el camino y en la lucha de andar este sendero divino.
Me senté un instante a ver pasar mi vida, me colgué de una estrella fugaz que al ritmo de una canción, en una secuencia casi maravillosa de historietas va proyectándome la historia de mi vida, dejando una luz de poder construir sobre cada viñeta, gracias a uno de esos divinos disparadores de emociones y sensaciones, un pasado distinto, con todos los atributos que uno, de acuerdo a como se encuentre en este hoy, teñido de fuerzas que nos mueven a andar por distintos caminos, desee incorporarle. Pues no estamos presos de la historia, sino de la historia que elegimos recordar…
Jueves 15 de septiembre de 2005
27 de mayo de 2007
18 de mayo de 2007
Manifestación ®
Pasos, silencio, miradas, cantos, el alma camina movida por el conjunto de personas, camina por la fuerza de atracción que los cuerpos se entregan en cada paso y en cada mirada que indica que “aquél” es el camino, que el objetivo esta allá, donde señala la bandera. Así el alma continúa su camino, movida por una fuerza que te lleva a seguir y no sentir el cansancio. La razón esta ausente, o tal vez no tiene turno para trabajar en ese momento, pues los pasos no la dejan pensar, no dejan que se conecte con ese alma que parece acompañada por cientos de personas que solo caminan movidas por la masa. Así ni el alma, ni la razón, logran entablar una conversación donde puedan decidir si seguir caminando o pararse a mirar, desde lo alto, lo maravilloso que puede ser el efecto y las voces que parecen hermanas, en una situación donde, si uno retrasa su reloj y se detiene a mirar a su alrededor, a observar las expresiones, los motivos, las personas, los pasos, los cantos, su alma, el momento y el porqué, alcanza a distanciarse y a romper esa fuerza que te lleva a caminar, a protestar sin saber porqué ni cómo. Tal vez los motivos que la llevaron son validos y acordes con el motivo de reunión, pero una vez ahí pierde la noción y solo camina por emoción, por saber que se tiene poder, que se tiene control. La masa otorga sensación de dominio por sobre los demás, ¿Quién se rehúsa, hasta sin tener un motivo por estar caminando, a perder esa sensación? Esa fuerza que llamamos poder, que anhelamos tener y deseamos quitar a quienes lo ejercen, se potencia, se hace una, se concentra, y es la fuerza del poder la que mueve a este alma a caminar siguiendo esa bandera, esas personas, esos pasos con los que se identifica, a donde sabe se encuentran los motivos por los cuales llego a hacerse parte de la masa, a donde sabe que los ideales por los cuales tantos caminan juntos se acompañan en cada paso, en cada canto, sin ni si quiera tener que comentarse los unos a los otros que están ahí por un mismo motivo, pues las razones están en el aire, los acompañan y son la fuerza que les lleva a ser uno, a formar un núcleo que les entrega la sensación de ser un “pueblo”, y no esa persona solitaria y vacía que camina por las mismas calles por las cuales hoy se siente un Dios, sin un rumbo, ni un destino, sin saber que comparte y tiene algo en común con ese otro que solo ve pasar, y de quien no sabe si persigue la misma bandera o si se identifica con el bando contrario…
Parar el reloj del tiempo y observar, hacer una pausa y mirar, te abre el corazón y permite que el alma se conecte con la razón y encuentren un motivo común que las aúne y permita pelear con integridad por esa ideología, buena o mala, pero mía…
18 de agosto de 2005
Parar el reloj del tiempo y observar, hacer una pausa y mirar, te abre el corazón y permite que el alma se conecte con la razón y encuentren un motivo común que las aúne y permita pelear con integridad por esa ideología, buena o mala, pero mía…
18 de agosto de 2005
3 de mayo de 2007
A la bisilabo más querida y popular ®
Todo iba a desarrollarse en el salón principal, allí donde estaban los genios contemporáneos del arte de curar mentes. Las esperanzas eran pocas, era día de semana, el punto de encuentro en el lugar más alejado de la ciudad, simultáneamente una amiga exponía su trabajo, y vos ahí, en medio de ese mounstro que, inesperadamente y de manera gentil, te entrego un espacio para que dieras a conocer tu arte, tus ideas y ayudaras a quienes más lo necesitan; con una pizca de tu magia a salir adelante y a vencer sus adversidades, que hoy, inevitablemente se tiñen de un color particular a las que te ofrecían quienes solicitaban tu ayuda en aquel pueblo, que tanto afecto y apoyo supo entregarte durante tantos años. Pese a tener un marcador donde el puntaje no jugaba a tu favor, tu mensaje fue de éxito, de esperanza, de alegría y conformidad por lo alcanzado en este Lunes lleno de incertidumbre y expectativas. Pues dicen que cuando uno desea algo verdaderamente, el mundo conspira para que ello se lleve a cabo…
Desde el momento en que abrí los ojos, sin ni si quiera tener conciencia de mis actos, del mundo que me rodeaba y de la maravillosa persona que me tenia en sus brazos, sabía, intuitivamente, que quien me mecía era toda una triunfadora de la vida. Ese arte maravilloso que unos pocos tuvimos la suerte de obtener, gracias a la hermosa unión de dos personas increíbles que decidieron entregar todo su ser para que algún día, en algún momento, seamos partícipes de tamaña obra maestra. Pues así, gracias a tu ayuda puedo hoy estar expresando lo orgullosa que me hace saber que tu progreso profesional, aquello a lo que elegiste dedicarte, aquello en lo que quisiste dejar tu marca, esté entregando y retribuyéndote tanto esfuerzo y esmero. Te inunda la tremenda virtud de ser una increíble mujer, honesta, transparente, inteligente y con el aditivo de contribuir con tus actos y movimientos a cambiar cada día este mundo, que tiene la capacidad de naturalizar ciertos conceptos y normas que llevan muchas veces al perjuicio humano; con la ayuda de seres como vos estos conceptos pueden ser modificados, cuestionados y puestos en duda. Pocos son los que nacen con la capacidad de entregar a este cuento de diablos, hadas, dioses y doncellas un final distinto, un cierre alternativo al que todos estamos acostumbrados. Dios bendiga a una mujer como mi madre, una mujer capaz de amar y entregar su afecto cada mañana, con ganas de seguir y con la capacidad de elegir cada año superarse con el poder contribuir a un futuro digno para sus pares. Por eso, tus simples movimientos me llevan a crear una melodía de agradecimiento y felicidad de haberme dado la oportunidad de conocer este espacio lleno de virtudes y errores a través de los ojos, con la protección y compañía de la mujer con la que tuve la oportunidad de compartir casi dos décadas de mi vida, a quien llamamos en lo cotidiano mamá, tutora y maestra de nuestros actos; actos que se tiñen de un color especial, de ese color que solo tiene cabida ante nuestros ojos, que inundados por los latidos del corazón, brindan la canción que figura y vuelve realidad esa tintura que llamamos amor, a la cual en una mesa de café no podemos palpar, a la cual solo le damos vida a través de nuestros actos, a través de nuestros cantos, y otras tantas veces, por medio de palabras que dejan por sentado este cariño inconmensurable hacia esa mujer, mamá, que nos permitió deslumbrarnos con las luces de este mundo que, tantas veces, en vez de darnos una mano para ayudarnos parece abofetearnos como tratando de echarnos de este territorio del cual uno se siente parte, gracias a ese alguien que quiso compartir su increíble oportunidad de sentirse, muchas veces abofeteado, muchas veces acompañado, pero con la certeza de tener el comando del barco, que nos lleva a vivir una aventura inabordable sin otra fuerza que el amor propio y por el prójimo. Por eso, esta humilde melodía hace honor a la compañía cotidiana de tu vida, a la inmensa alegría que generas día a día al entregarme la constancia de tener a la mujer maravilla participe en mi vida.
Gracias “Má”…
30 de agosto de 2005
Desde el momento en que abrí los ojos, sin ni si quiera tener conciencia de mis actos, del mundo que me rodeaba y de la maravillosa persona que me tenia en sus brazos, sabía, intuitivamente, que quien me mecía era toda una triunfadora de la vida. Ese arte maravilloso que unos pocos tuvimos la suerte de obtener, gracias a la hermosa unión de dos personas increíbles que decidieron entregar todo su ser para que algún día, en algún momento, seamos partícipes de tamaña obra maestra. Pues así, gracias a tu ayuda puedo hoy estar expresando lo orgullosa que me hace saber que tu progreso profesional, aquello a lo que elegiste dedicarte, aquello en lo que quisiste dejar tu marca, esté entregando y retribuyéndote tanto esfuerzo y esmero. Te inunda la tremenda virtud de ser una increíble mujer, honesta, transparente, inteligente y con el aditivo de contribuir con tus actos y movimientos a cambiar cada día este mundo, que tiene la capacidad de naturalizar ciertos conceptos y normas que llevan muchas veces al perjuicio humano; con la ayuda de seres como vos estos conceptos pueden ser modificados, cuestionados y puestos en duda. Pocos son los que nacen con la capacidad de entregar a este cuento de diablos, hadas, dioses y doncellas un final distinto, un cierre alternativo al que todos estamos acostumbrados. Dios bendiga a una mujer como mi madre, una mujer capaz de amar y entregar su afecto cada mañana, con ganas de seguir y con la capacidad de elegir cada año superarse con el poder contribuir a un futuro digno para sus pares. Por eso, tus simples movimientos me llevan a crear una melodía de agradecimiento y felicidad de haberme dado la oportunidad de conocer este espacio lleno de virtudes y errores a través de los ojos, con la protección y compañía de la mujer con la que tuve la oportunidad de compartir casi dos décadas de mi vida, a quien llamamos en lo cotidiano mamá, tutora y maestra de nuestros actos; actos que se tiñen de un color especial, de ese color que solo tiene cabida ante nuestros ojos, que inundados por los latidos del corazón, brindan la canción que figura y vuelve realidad esa tintura que llamamos amor, a la cual en una mesa de café no podemos palpar, a la cual solo le damos vida a través de nuestros actos, a través de nuestros cantos, y otras tantas veces, por medio de palabras que dejan por sentado este cariño inconmensurable hacia esa mujer, mamá, que nos permitió deslumbrarnos con las luces de este mundo que, tantas veces, en vez de darnos una mano para ayudarnos parece abofetearnos como tratando de echarnos de este territorio del cual uno se siente parte, gracias a ese alguien que quiso compartir su increíble oportunidad de sentirse, muchas veces abofeteado, muchas veces acompañado, pero con la certeza de tener el comando del barco, que nos lleva a vivir una aventura inabordable sin otra fuerza que el amor propio y por el prójimo. Por eso, esta humilde melodía hace honor a la compañía cotidiana de tu vida, a la inmensa alegría que generas día a día al entregarme la constancia de tener a la mujer maravilla participe en mi vida.
Gracias “Má”…
30 de agosto de 2005
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