3 de septiembre de 2008

Soñar no cuesta nada...

Montaste un turbulento subsuelo de mármol negro, tomaste el picaporte y con ímpetu y determinación saliste corriendo hacia el encuentro. Te topaste con María y le dijiste que lo sentías, que aquello manipulado y malogrado fue sólo un amor malgastado.
Un poema en un ovillo, deshilvanarlo significaba encontrarlo, comprenderlo y estigmatizar aquello que intentabas inmortalizar con tu fantasía de jugar a ser una ovejita de lana tibia.
Ahí se quedó, perpleja, inmutable, sin condiciones para modificarte…¡María!, ven y envuelve la noche. Toma tus colores y reparte cada uno de tus resquemores. Átame a tu pecho y juega con mi pelo.
Acaricia mi mano y baja a ese subsuelo estrecho en el que no cabe ni un muñeco. Sube de nuevo, toma el picaporte, abre la puerta y sal al encuentro del bello y eterno placer de correr con tus cabellos, hasta que Dionisio se adueñe de tus sueños.
Él espera por vos y tu placer, en el extraño mundo de lo profano…y lo sagrado.

27 de Agosto de 2008

Juan, el de los rizos

Juan, el niño de los rizos violáceos, tomó mis dedos y comenzó a dibujar con ellos sus anhelos. Miró mis uñas y las besó con profunda ternura.
Por cada hendija de mi piel dejo caer unas gotas de agua para que refrescaran mis entrañas. Más tarde tomó un pincel y dibujó cada rasgo de mi cara, marcó los labios y borró los años. Continuo con mis orejas, a quienes dejo imperfectas para que me distinguieran. Luego despeinó mis cabellos y los ordenó sirviéndose de unos espejos.
Buscó un poco de fuego y encendió mis tobillos para quitarles su olor a jabón neutro. Descorchó un vino, lo saboreó y lo mezcló con óleos finos. Pintó mis rodillas color rubí.
Dejó su marca con carbón sobre mi pared, y escribió en mi abdomen su canción del atardecer…me despertó con un elástico de papel que marcaban las diez.

El Café y el Sexo

¿Qué gusto tiene la sal?, pues ¿el sabor “salado” será el mismo para todos? ¿Cuál es la primera palabra que asocias a verdad? Si te digo Café, ¿en qué pensás? Concluimos entonces, ¿todos pensamos lo mismo del café, el sexo y la inmortalidad?
La asociación del café con la vida sexual no tiene relación aparente, a menos que tomemos a ambos como signos de comunidad, sociedad y comunicación. Algunos los verán amargos, otros un tanto anticuados y otros tantos pensarán en su sabor particular e individual.
Ambos tienen diversas modalidades de expresión: compartirlo solo, acompañado por una persona, dos o múltiples; del mismo sexo o diverso. Amargo, dulce, con edulcorante -“light”-, cortado, en pocillo o en jarrita. Frío, caliente, tibio o apasionado.
Son formas de comunicación interpersonal, que nos invitan a crear y develar nuestra identidad, y que hasta incluso hablan de nuestra personalidad. Eventos sociales que compartimos por ser unos y otros parte de la humanidad, por agruparnos como ente socio – cultural, capaz de poner en jaque hasta la más ingenua verdad.
Salado…