…Sensación de perplejidad, de desconexión. Como un balde de agua fría te metiste en un sifón. A presión la soda tomo color y lo único que provocó es que mi boca se llenara de arroz.
El sofá cama tiene una mancha color marrón, en ella está dibujada la noche en que dejaste marcado tu desazón. Como cristal se hizo trizas la canción que unía tono a tono el rompecabezas de la razón.
¿Qué esperar? ¿Qué soñar? ¿Qué desear? ¿Qué mirar? ¿Cómo tomar las burbujas de ese sifón y convertirlas en pasión? ¿Cómo recuperar el empujón que presiona la danza del agua contenida en esa canción para que el cause gaseoso de la maratón retome su entonación?
La vida es como un vaivén, nadie sabe si vas bien o vuelves con desdén. El punto muerto obra a modo de inflexión para ayudarnos a entender el envión que hace eterna la recuperación. El tiempo se mueve tan despacio que su paso pasa sin dejar rastros, y cuando intentamos sujetarnos a las agujas que transportan nuestras vidas los segundos ya se han esfumado. Cada tic tac es capitán de mar y tierra, se dibuja en nuestra cabeza para dar paso a la belleza de organizar la tristeza que transita por nuestras venas.
Estar entre el peso y la nada, ser o no ser, pesar o levar, ¡es insoportable! Kilos que me den peso, no quiero levitar, quiero enterrarme en el país del nunca jamás. Quiero pisar fuerte la realidad para poder volar por los aires dando ánimo a la nube sixty – nine. Sí, sí, a un paso de la verdad sostenida por el gas de la realidad, arriba en la nube thirty – nine.
Allá arriba me pregunto, ¿qué hice tan mal? Tomar tu esencia y convertirla en presencia o creerme capaz de desvanecerla… ¿? Ir y disfrutar, experimentar y transformar, temer y avanzar, dudar y arriesgar aquello que creemos entonar.
Sensación de perplejidad, sensación de desconexión que un día se hizo canción que selló el proceso de sudoración, porque el agua se evaporó de tanto que enmudeció el salto de su presión…
16 de octubre de 2007