Benedetti dice que de vez en
cuando no hay que llorarse las mentiras sino cantarse las verdades “…y también
viceversa”. Cansada de llantos, cantos y viceversas he decidido, a la vieja
usanza, mandar a todxs “a tomar por culo”. Y a veces eso lo hace más humano a
uno, aprender sanamente a mandar a cagar.
Es aquí donde ese gesto bien
argento –o al menos eso creo– de la mano hábil cortando el aire de norte a sur
casi peinando el lóbulo de la oreja empieza a tener sentido. Le da ese je ne sais quoi a la historia de la vida
en el que hay un salto cualitativo que nos ayuda a pasar de la sumisión a la
dominación, de la aceptación al reclamo, del disciplinamiento a la subversión
pero, principalmente, es el fin de la condesendencia y el principio de ser humano.
Es admitir nuestros límites, es
sabernos finitos y es ser auténticos. Es sentirnos libres de pecado, de culpa
y, a fin de cuentas, menos t-o-d-o-p-o-d-e-r-o-s-o-s.
Es que la fortaleza que requiere
el sencillo acto del no-quiero, no-puedo,
no-se, no-jodas te posiciona en condiciones bastante más amenas y livianas
pero por sobre todas las cosas te devuelve ese gesto de humanidad.
En el momento en que uno puede
decir NO; negarse, no aceptar, declinar, desistir, no poder está mostrando una
grieta. Esa grieta conecta un adentro con un afuera. Esa grieta es la
posibilidad del vínculo. Es el indicio de que estamos frente a un
n-o-t-o-d-o-p-o-d-e-r-o-s-o que a veces claramente N O.
Se abre la posibilidad del lazo,
de lo horizontal. La posibilidad de elegir así sea en binarismos, pero ya no hay
sólo una respuesta obligada sino otra más que implica abrir a nuevas
posibilidades que ya dejan de ser binarias sino multivariadas.
Además, quién lea esta pequeña
reflexión con gusto a noche no tiene más que recordar esos momentos y
oportunidades en los que realizó ese gesto de norte a sur que peina el lóbulo de la
oreja para comprobar, por sí mismo, el sabor del N O.
Sin ir más lejos yo podría
mencionar tanto el reverso como el anverso de esta historia. Para el reverso,
léase “El día que mi mamá me dijo NO” y les juro que sabe bien amargo pero interesante,
en perspectiva, entender el límite. Para el anverso recuerdo aquella
oportunidad en la que pude ponerle fin a una historia llena de tentáculos
(muchos más que los del pulpo); ese fue mi límite, mi grieta, mi basta, mi norte a sur. Fue difícil, porque suponerse t-o-d-o-p-o-d-e-r-o-s-o
es paqueto, pero una vez lanzado el gesto al aire se siente todo vibrante y
fresco.
Así que eso, he decidido llorar,
cantar y viceversa pero también "mandar a cagar".