Volver con la alegría en los ojos y el cuerpo hecho canción,
con la voz ronca de tanto cantarle a la vida, a la infancia, al vuelo
creativo de la niñez.
Son sus ojos la medida de lo real y lo fantástico, la repetición el
indicio de su aprendizaje.
En un país de tristes son algodones alegres.