Uno espera construir sobre la arena los vestigios de un pasado memorable; un pasado que prometía lo que no fue.
Dejar al agua rodar, aprender de sus movimientos y sus enigmas como parte de una identidad mutante, abierta.
Permitir al amor, como el agua con la piedra, horadar el alma, recorrerla y desmenuzarla.
Un alma de arena, eso, siempre dispuesta a rodar.