Como tinta indeleble, como estigmas, como marcas que nos caracterizan, nos dan una identidad y dibujan nuestros cuerpos. Son parte de nuestro ser, de nuestra existencia y nuestro nombre.
Algunas son parte de nosotros desde que vinimos a este mundo, otras las causamos inintencionadamente con nuestras acciones, con nuestras aventuras de niños traviesos. Acciones que son parte de nuestra historia, de nuestra infancia y nuestras vidas. Acciones que si no hubieran estado presentes en aquel momento, hoy no nos hubieran dado ese estigma que hoy, al mirarlo, nos permite recordar ese momento de locura y aventura que dibujo una sonrisa de niños, y que hoy, a años de aquel momento, también nos roba una sonrisa; como dicen: “el que solo se ríe, de sus picardías se acuerda”.
La historia supo transformar y darle un toque original a estas marcas originadas anteriormente por accidente, se convirtieron en moda, en formas de concretar nuestra identidad y existencia en un mundo tan borrado, donde las fronteras entre el ser y no ser no existen, y se transfiguraron en un todo, en un “comunismo” sumergido en un contradictorio individualismo jerárquico distinguido por el slogan: “Tengo más, soy más”.
En medio de este presente, estos estigmas triunfaron en el cuerpo y buscan dar un “yo soy”. Marcas que también lograron perforar la piel, lastimar nuestro ser, y vencer por medio de la autoflagelación nuestra identidad.
Marcamos nuestro cuerpo para no ser un numero, para no “ser nadie” en un hoy tan numéricamente idéntico..
16 de marzo de 2005
Algunas son parte de nosotros desde que vinimos a este mundo, otras las causamos inintencionadamente con nuestras acciones, con nuestras aventuras de niños traviesos. Acciones que son parte de nuestra historia, de nuestra infancia y nuestras vidas. Acciones que si no hubieran estado presentes en aquel momento, hoy no nos hubieran dado ese estigma que hoy, al mirarlo, nos permite recordar ese momento de locura y aventura que dibujo una sonrisa de niños, y que hoy, a años de aquel momento, también nos roba una sonrisa; como dicen: “el que solo se ríe, de sus picardías se acuerda”.
La historia supo transformar y darle un toque original a estas marcas originadas anteriormente por accidente, se convirtieron en moda, en formas de concretar nuestra identidad y existencia en un mundo tan borrado, donde las fronteras entre el ser y no ser no existen, y se transfiguraron en un todo, en un “comunismo” sumergido en un contradictorio individualismo jerárquico distinguido por el slogan: “Tengo más, soy más”.
En medio de este presente, estos estigmas triunfaron en el cuerpo y buscan dar un “yo soy”. Marcas que también lograron perforar la piel, lastimar nuestro ser, y vencer por medio de la autoflagelación nuestra identidad.
Marcamos nuestro cuerpo para no ser un numero, para no “ser nadie” en un hoy tan numéricamente idéntico..
16 de marzo de 2005