6 de marzo de 2007

Autobiografia ®

Cuatro líneas dan nombre a mi estructura, cuatro líneas que encierran en sus paredes mis secretos, mis miedos, mis misterios y llantos. Esas líneas, que mas que líneas son paredes que sostienen al interior de mi ser casi como en un intento de no dejarme salir, de mantenerme por siempre firme y segura de aquello que me da forma, una identidad, un nombre.
Líneas amigas y enemigas, que facilitan y entorpecen muchas veces el camino, las salidas y las respuestas a tantas memorias que guardan en su interior, en sus paredes, en el tejido que me estructura e identifica.
Es que paradójicamente sin ellas no podría vivir y con ellas, todo, tantas veces se hace tan difícil y complicado que mi alma intenta borrarlas.
Me gusta, son mi todo, son mis cómplices y mi forma. Las admiro, las respeto y valoro. Es que sin ellas, ¿Quién seria? ¿Qué seria? ¿Qué haría?

Al mismo tiempo, un dolor inunda mi alma, aquella dama sentada y latente en ese ángulo que formaron estas cuatro princesas, para darle un sitio, un techo y un espacio donde respirar y marcar el tiempo de mi existir. Si se borraran, si comenzaran a desaparecer de a poco, aquello que conservan en su interior comenzaría a inundar el afuera, a transportarse a un mas allá de estas cuatro maravillosas amigas.

Son musas de mis tiempos, de mis intentos y de mi vida, que como un reloj conserva cada pieza en su lugar, sin ningún tiempo o permiso de error a ninguna de ellas.
Estas musas ayudan, conservan, forman y toman por las riendas a estas agujas de la vida, que sin ton ni son intentan dispararse al afuera, a ese exterior que tantas veces seduce, en un intento de hacerse dueño de aquellos secretos y momentos que atesoran estas cuatro damiselas de mi ser.

Inevitablemente las elijo, las acepto y las llevo conmigo a donde quiera que vaya sin importar que pase. Es que juntas somos cinco, somos hermanas y amigas de la experiencia.
La quinta, si, la quinta y mas importante línea. La comandante, la que lleva en sus manos los minutos y segundos, es la encargada de que sus compañeras, aquellas cuatro que digna posición ocupan, tomen una postura un poco mas dúctil y amiga de ese afuera, de ese señor que intenta pasar y no encuentra ni mas mínima grieta. Menos del lado del alma, que bien cubierta y protegida esta para que nadie moleste su latir, su trabajo y su función en aquella anatomía divina que con cuatro surcos logramos dar vida. Ese rincón, ese preciado costado del cuadrado, que forma mi ser, no sabe que se esta quedando solo, que esta perdiendo su latir poco a poco en la soledad que lo consume día a día, por aquel escudo que consintió le pusieran para ser reina y dueña de ese paraje perfecto y rico en experiencia.
La responsable es la quinta, dicen que es la dueña de todo, la autora de tanta rigidez, como de tantas barreras que tiene esa alma sola que sin pensarlo esta perdiendo sus latidos. Esta última línea sos vos, la que estructura, arma, desarma y dibuja la figura que quiere, y que permite o no la entrada a esa virgen fracción que solo derrama sangre por segundo de vida.
Esta en ella el resumen de todo, ¿será capaz de rasgarse?...

07 de Febrero del 2005