10 de abril de 2007

03.0 ®

Éste será un ensayo corto, como la temática que pretende abarcar.
En simples y pequeñas palabras, intentaré insertarme en los escondrijos de la vida.
Milésimas de segundos se suceden unas a otras casi sin parar, y estamos ajenos a ello. De repente la cadena se detiene, el tiempo se absorbe y las partículas del espacio quedan suspendidas en el aire, volviendo inmóvil hasta el más mínimo sonido. Momento en el que, por insight, percibimos el cuerpo, la respiración, encontramos en ese momento una existencia física conectada con ese cosmos al que llamamos vida. Somos concientes hasta de la indivisa porción que nos une y nos da forma.
En ese instante único y privilegiado, comienza a recorrer por el cuerpo la sensación de inmunidad y libertad, por formar parte de este intercambio de energías que posibilita sentirse parte, con vida.
Automáticamente, pretendemos agradecer el ser lo suficientemente privilegiados de poder sentir la conexión con este mundo de fantasía que nos invita a tomar parte de su historia, desarrollar nuestras capacidades, y quedar marcados en cada paso que damos, por nuestro destino y nuestras acciones. En esa milésima de segundo en que pudimos lograr la conexión con ese espacio que limita y habilita, que inmoviliza y agiliza, y que libera y condena, la sangre empieza a correr por nuestro cuerpo a velocidades insospechadas, dejando en su paso la sensación de estar vivos, de ser parte y de tener la necesidad de agradecer a aquello que posibilitó, que quién sea conciente en esa milésima de segundo de la conexión con el mundo sea cada uno de nosotros y no otro.
Cuantas causas escondidas detrás de nuestras vidas, que hicieron posible nuestra existencia. Entre ellas, de las más simples, el que nuestros padres hayan formado parte de un mismo tiempo, historia, época y lugar. Causas que tejen nuestro cuerpo y nos dan una existencia material y forme, y que nos determinan como sujetos “sujetados” a un momento socio-histórico y cultural particular, que continuará haciendo efecto y preformándose como posible causa de que sucesivamente continuemos perpetuando esta especie de la que somos parte.
Especie cruel y tirana, que paradójicamente se empeña, pese al legado implícito en nuestras acciones, de buscar la perpetuación de la especie, de eliminarla de ese destino común que tenemos como congéneres y partícipes de un mismo tiempo, espacio, lugar, historia, cultura y sociedad.
25 de octubre de 2006