A veces el amor es una baldosa floja en un día de lluvia.
Con toda la suerte uno camina y pisa de tal forma que nos permite disfrutar del
olor a lluvia recién caída, de los colores de las cosas que están más limpios
que nunca y del aire fresco, esa bocanada; pero la mayoría de las veces se
parece más a esa baldosa floja que uno pisa con tanta desgracia que toda el
agua sucia se nos mete en el zapato y las gotas de barro nos dibujan una pintura
impresionista en el pantalón.