1 de noviembre de 2013

Por qué vale la pena tener teléfono fijo en el 2013 ®

Que el día de tu cumpleaños, con lluvia torrencial durante las primeras horas del día de mi natalicio y con ese olor a mojado de lluvia (que no es igual que cualquier otro olor a mojado), suene el teléfono fijo y sea Pablo Echarri contándome que hay un grupo de teatro conformado por personas con capacidades diferentes justifica, más que nunca, por qué conservo el bendito número en un momento donde “el fijo” pareciera ser obsoleto.
Tener teléfono fijo, que me llame Pablo Echarri y que sea mi cumpleaños merece toda una reflexión. En primer lugar, me traslada automáticamente a mi niñez y hasta promediados los 18 años que si bien ya tenía el inalámbrico que me permitía ir hasta la plaza del frente de mi casa sin perder la señal no dejaba de ser un FIJO. Un aparato que te estaqueaba en un perímetro…fijo.
Tener un fijo es también retrotraerse hacia esas cosas que pasaban cuando uno tenía un fijo, sólo te encontraban si estabas ahí, en el perímetro del fijo. Si alguien te llamaba para chamuyar se enteraba hasta magolla porque tenías que estar ahí, en el lugar del fijo parada con cara de circunstancia. Existía la línea 1 de Telecom y llamar a la siesta, en Santiago, era PECADO MOR(T)AL. Tener un fijo es fijarse en el pasado, es volver, es no dejarlo ir porque es ese aparato siempre te recordará ese momento en el que… “ayyy te acordas del teléfono fijo??!!!” como cuando uno recuerda que la cerveza valía $1 o que con 0,50 centavos te daban 5 Flynn Paf.
Tener un fijo y que se asombren y te asombres del fijo también nos invita a reflexionar sobre el avance de las telecomunicaciones y sobre como hoy te encuentran a donde quieran, en el horario que quieran y quienes quieran, a tal punto que uno de una u otra forma también está fijado a un aparato. Como si el perímetro fuese inacabable y persecutorio.
En segundo lugar, merece reflexionar sobre Pablo Echarri. Ese sujeto que mis primos no entendían por qué me gustaba y mi mamá, como psicóloga pero interpelada por el ser madre decía “mira por dónde te agarro la furia adolescente”…Hace que me acuerde de cuándo y cuánto me gustaba Pablo Echarri, juntaba imágenes y me veía todas sus novelas y…películas. Ojo, Plata Quemada no está nada mal.
Me remonta a ese día en que como hoy, con su voz, compartimos un mismo espacio temporal gracias a que una amiga me pidió que la acompañara al banco. En la espera pasó caminando un flaco, un “pibe de barrio” y mi amiga me dijo “ahí va Pablo Echarri” y casi fantasmagóricamente lo vi…LO VI. SI, LO VI.
Entrada la universidad, el celular, el internet y el cambio estructural que provocó en mí la carrera elegida, las amistades construidas y los espacios transitados, merecen la 3era reflexión. Pablo Echarri quedó como un recuerdo, como una sombra que desapareció como cuando cae la noche.
Sin embargo, escuchar el fijo recién llegados mis 28 y levantarme a atenderlo con el a priori de “seguro es un telemarketer o Macri pidiéndome que lo vote” y con el ímpetu de quien ya perdió ante algunos eventos la capacidad de sorprenderse y dejarse llevar, hace que registre en ese preciso instante que no soy ni tan niña, ni tan adolescente ni tan adulta como pensaba.
Que sigo teniendo el lastre de la niñez, la furia de la adolescencia y la inherente realidad del paso del tiempo. Que 28 años no son nada, carajo.

ERA PABLO ECHARRI...SI, ÉL MISMO, grabado…