Haz lo que yo digo; te lo he dicho.
¡Maldita monarca! Has colmado de sentido al totalitarismo, has viciado la naturaleza de sentidos únicos, unívocos y determinantes.
Abeja Reina, dulce como la miel y seductora como el agua; no haces más que señalar, con ese dedo índice que parece crecer a pasos agigantados, qué han de hacer los demás…
Implosión de tristeza en la mesa, no te importa…
Meneas tu cola produciendo un sonido estridente que deja sordo, ciego y hasta mudo a quien profiera una opinión independiente a la que has señalado, sí, con ese dedo que dictamina qué está bien y qué está mal…
Somos la colmena, ese vibrato revolucionario que se escapa de tus manos; tenemos aguijones a modo de razones.
En cada ataque daremos a conocer nuestros intentos de ser algo distinto a lo que es; a lo que crees que es; venimos a hacer de tu evolución una revolución, sin clase, sin raza, pero con masa.
Testa-ruda sí, cabeza – ruda, dura…que dura; hasta cuándo vas a condicionar la felicidad de quienes vienen detrás, dejalos vivir, dejalos ser, dejalos sentir que hay más de un modo de vivir. Si no te lo han enseñado pues estás a tiempo de aprenderlo, no seas dura; cabeza dura – testaruda.
Desde mi más insólito espacio del alma te exhorto a que nos dejes vivir, somos la colmena y aunque me desaparezcas, el zumbido constante rondará en los intersticios de tu carne…
18 de Mayo de 2011