3 de septiembre de 2008

Juan, el de los rizos

Juan, el niño de los rizos violáceos, tomó mis dedos y comenzó a dibujar con ellos sus anhelos. Miró mis uñas y las besó con profunda ternura.
Por cada hendija de mi piel dejo caer unas gotas de agua para que refrescaran mis entrañas. Más tarde tomó un pincel y dibujó cada rasgo de mi cara, marcó los labios y borró los años. Continuo con mis orejas, a quienes dejo imperfectas para que me distinguieran. Luego despeinó mis cabellos y los ordenó sirviéndose de unos espejos.
Buscó un poco de fuego y encendió mis tobillos para quitarles su olor a jabón neutro. Descorchó un vino, lo saboreó y lo mezcló con óleos finos. Pintó mis rodillas color rubí.
Dejó su marca con carbón sobre mi pared, y escribió en mi abdomen su canción del atardecer…me despertó con un elástico de papel que marcaban las diez.