17 de julio de 2008

Pena compartida equivale a me - di (a) pena ®

Empezar a contar una historia de modo impersonal, como si quien escribe no fuese constructor de lo que esta por redactar. Quedamos ajenos a los acontecimientos que en parte nos dan identidad.
Como sucede en la representación actoral. La escena está dotada de un marco ficticio que posibilita jugar a un "como si", tal como sucede al escribir. Jugamos a ser eso que el guión nos indica; está estructurado por puntos, comas, líneas, comillas y hasta incluso paréntesis que aluden al cómo se debe representar lo real.
Del mismo modo, nos encontramos despersonalizados si al ser espectadores de la obra representan un fragmento personal. Ni si quiera necesitamos "poner el cuerpo" para ver eso que nos representa en la realidad. Esto nos posibilita ver lo que sucede en un más allá, en una otredad que no nos toca ni nos debilita; porque esta allá, "fuera" de nuestra realidad.
Lo curioso es que al ponerlo "allá" lo podemos visualizar, podemos hacer insight y socializar lo intrapersonal. Esta allí la piedra de toque de por qué representar y comunicar, aunque sea en impersonal. Es el compartir aquello que nos sucede a fin de transmitir parte de la carga afectica de nuestra situación vital con una persona que ignora gran parte de nuestra realidad.
En ese intercambio de bienes simbólicos que nos dan identidad, tanto a uno por recibir como al otro por dar, se produce un alivio tal que pensamos que la situación puesta en acto ya no está; o al menos la mitad se acaba de esfumar. Decimos entonces, que despersonalizar y proyectar son dos mecanismos, si se quiere procesos, que nos ayudan a tolerar, a capitalizar, a socializar el atroz encanto de comunicar nuestra íntima realidad intrapersonal.

21 de Mayo de 2008