….Todo siempre tan incierto, tan misterioso, tan abandonado. Solo se debe a tu ausencia; esa figura presente y desdibujada que se hace “hoy” cada vez que te siento, cada vez que te pienso, cada vez que te recuerdo. Estas allí, reflejando una luz de esperanza, un fondo claro, sobre un mar oscuro, callado, gris y sollozante. Mis ojos te lloran, lloran el no tenerte, el no sentirte, el saber que estas y que no seré tu cómplice.
Yo aquí, tú allá, separados por un abismo insalvable de kilómetros que en el pensamiento se convierten en años, que convierten la esperanza en un “hasta pronto” que no volverá. Estos kilómetros que cortan la unión armónica de nuestros cuerpos son los causantes de este abismo, de esta oscuridad, de esta soledad insoportable que me toca muy de cerca, y me asfixia hasta llevarme al infierno, y de la risa perdida que olvidé de figurar en mi rostro, como hacia un tiempo solía hacerlo, cuando estabas cerca mío, a mi lado; esos tiempos en los que sentía tu presencia, esas líneas dignas que forman tu cuerpo. Hoy esa sonrisa no esta, no la encuentro y la busco. Tal vez este en otro lugar, en otro camino y en otro ser distinto. Como dijiste aquella vez de no ser el único que esta, de no ser el único que tiene y de no ser el único capaz de llenar mi vida y de marcar esa sonrisa que, hace unos meses, años diría, he perdido por no tener tu presencia, por no sentir tu aroma y no tener la dicha de ganarme esos abrazos que usualmente me entregabas, que compartíamos y que mágicamente detenían el tiempo, la rueda de la vida. Eran como un obsequio, como una bendición, como un pasaje hasta ese lugar que pocos hemos tenido el privilegio de llegar. Es único, es personal, de temer la situación de saber que un presente puede magnificar y convertir la tristeza en alegría, la incertidumbre en paz, la soledad en compañía y la realidad en sueños. Pocos logran tener esa “magia” de llevar a un “quien sabe donde” al otro; esa magia convierte todo, impide dejar libre ese amor, ese abrazo, permite olvidar que esos dos cuerpos están partidos por los kilómetros. Atrapa, consume, llena y produce vacíos cuando no se la siente, cuando se nota la ausencia de ese algo divino que contiene, abraza y al mismo tiempo deja caer y hace un lado lo que durante tanto tiempo ha ido construyendo y marcando en mi cuerpo, en mi mente, en mis adentros, en esa sonrisa que supe mencionar. ¿Será el motivo?, ¿será el porque?, ¿será la causa?, será ese no poder apartarte de mi vida, ese llevarte aun en mi secretos mas ocultos conmigo, y esa imposibilidad de soltarte. Magia divina y dañina, magia amiga y enemiga de mi corazón, de mi sentimiento, de mis recuerdos, de este amor maldito que no me deja seguir, que no me deja vivir ni latir…
Diciembre 2004