Llegar es encontrarme con expectativas, esperanzas. Mis ojos se ilusionan con el inevitable deseo de que cada uno de los días que transite por las avenidas de ésta ciudad sea en tu compañía. Casi sin pensar me dibujo todos los momentos que quisiera compartir en éste espacio de la ciudad. Empiezo a planear y construir lugares por los que me gustaría andar. Se respira un aire nuevo, lleno de fantasías y lugares que husmear.
En el transcurso de mi estadía la realidad viene de sorpresa y quedo boquiabierta. Comprendo que todo aquello que imagine, pertenece a mi humilde pretensión de que aquello fantaseado se materialice en una posibilidad.
En el preciso instante en el que el aquí y ahora me da las pautas de que estoy equivocada, todo ese imaginario se derrumba y mis ojos llenos de brillo se comienzan a opacar. Abrumante sensación de vacío, de fracaso. Entonces me pregunto: ¿a qué he venido?
El tiempo que soñaba compartir se reduce tanto que casi es imperceptible; las actividades planeadas pasan a ser obsoletos delirios que jamás se cumplirán. Nada me indica que en algún momento las cosas vayan a cambiar…Aquello que parecía ser música se torna en una sórdida melodía. Me invade un sentimiento de soledad imposible de superar. Me dan ganas de llorar, de gritar. No lo puedo explicar y mis deseos quedan presos en mi…No me quiero mirar, no te quiero mirar…
Verte me duele. Me duele porque me vuelve conciente de cuan equivocada estoy. Paradójica sensación, pues todo me dice que es preferible evitarte, y sin embargo mi cuerpo pide mirarte, aunque sea por un rato.
Termina el día y mi mundo queda derrumbado…pareciera que pasó una tormenta que rompió los candados. Mi espacio queda completamente desordenado. Busco dar una estructura a todo aquello desajustado, pero es muy difícil lograrlo…es que significas tanto que tu paso deja mi mundo patas para abajo…y lo más triste es que no puedo expresarlo; no puedo demostrar al artífice de dicho cimbronazo la huella que ha dejado…
En el transcurso de mi estadía la realidad viene de sorpresa y quedo boquiabierta. Comprendo que todo aquello que imagine, pertenece a mi humilde pretensión de que aquello fantaseado se materialice en una posibilidad.
En el preciso instante en el que el aquí y ahora me da las pautas de que estoy equivocada, todo ese imaginario se derrumba y mis ojos llenos de brillo se comienzan a opacar. Abrumante sensación de vacío, de fracaso. Entonces me pregunto: ¿a qué he venido?
El tiempo que soñaba compartir se reduce tanto que casi es imperceptible; las actividades planeadas pasan a ser obsoletos delirios que jamás se cumplirán. Nada me indica que en algún momento las cosas vayan a cambiar…Aquello que parecía ser música se torna en una sórdida melodía. Me invade un sentimiento de soledad imposible de superar. Me dan ganas de llorar, de gritar. No lo puedo explicar y mis deseos quedan presos en mi…No me quiero mirar, no te quiero mirar…
Verte me duele. Me duele porque me vuelve conciente de cuan equivocada estoy. Paradójica sensación, pues todo me dice que es preferible evitarte, y sin embargo mi cuerpo pide mirarte, aunque sea por un rato.
Termina el día y mi mundo queda derrumbado…pareciera que pasó una tormenta que rompió los candados. Mi espacio queda completamente desordenado. Busco dar una estructura a todo aquello desajustado, pero es muy difícil lograrlo…es que significas tanto que tu paso deja mi mundo patas para abajo…y lo más triste es que no puedo expresarlo; no puedo demostrar al artífice de dicho cimbronazo la huella que ha dejado…