Caminar es transitar. Caminar es encontrar. Caminar es marcar. Caminar es avanzar.
Cada ruta que transito equivale a encontrar un destino posible de admirar, distinto a los demás. Es darme cuenta de las infinitas alternativas que se pueden presentar, que cada calle que se asoma es una nueva aventura por comenzar. Mi trabajo es saber interpretar y respetar las distintas formas de andar, pues detrás de cada una de ellas hay una historia que encontrar, y que marca ese paso tan particular.
En cada sendero hay quienes se mueven al compás de los demás. Otros a quienes no les gusta ser uno más, y por ello se dedican a renegar de aquello que marcamos como lo “normal”, transformándose en lo “A-normal” de la comunidad. Así también están los creadores de espacios, de nuevos caminos, de nuevas posibilidades; son quienes dejan su huella sobre los demás; los sujetos a imitar. Y por último encontramos a los caminantes que vienen por detrás, que ocupan el puesto de quienes vienen en primer lugar, pasando a formar parte de la camada que prefiere no arriesgar su seguridad en pos de innovar; se dedican a reforzar aquello que consideramos “normal” y a crear un estilo de caminar que debemos imitar.
Transeúntes de una misma pasarela que parece no tener final, y que prescribe una forma de afrontar las asperezas de trasladarse desde aquí hasta allá. Cada uno lucha por superar las dificultades de cada lugar, y así avanzar un poco más allá. La meta es recorrer el sendero lugar por lugar, sin dejar ni un espacio por admirar. Para ello es necesario caminar con mucha soltura y perspicacia cada rincón del lugar. Ser audaz y capaz de manejar todas las trampas del andar. Llegará quien más fuerte sepa gritar que quien gana no es quien toma atajos, sino el que sabe caminar…