4 de octubre de 2023

A quien corresponda

 

- ¿Todavía se escriben cartas de amor? preguntó tímidamente mientras estaban sentadxs en un banco de la plaza del pueblo donde vivían. Se conocían desde niñxs y no hacía falta tanto preámbulo para iniciar un diálogo o soltar un pensamiento.

Ella miraba el algarrobo que tenía en frente, estaba perdida en el contorno de las hojas y el traslúcido que les producían los rayos del sol en esa hora de la tarde.

- No sé, le dice, nunca lo hice. Le respondió seca.

- Porque a mí me pasa que después de estos encuentros que tengo con ella de tanto en tanto me vuelvo a casa titilando.

Gira un poco la cabeza con gesto de interrogación y le pregunta, - ¿titilando?

- Si, como esa luz estroboscópica de los boliches, ¿te das cuenta? Me dis-loca, me saca de eje, como si no supiera muy bien a dónde estoy; y un poco me gusta eso.

- Mira…, le dice ella mientras poco a poco va saliendo del árbol y conectándose con el diálogo. - No sé la verdad, las cartas de amor están llenas de lugares comunes. Es difícil salirse de ahí. Por, ¿vos escribiste una alguna vez o queres escribir una?

- Si, bah, no sé; no…yo no escribí nunca una. Responde mientras va pensando, titubeante. - Pienso que sí quisiera. Lo primero que se me viene a la cabeza es esa frase de Cortázar de que el amor es un rayo que te parte al medio y que se yo… ¿la conoces?

- Si, ¿la de Rayuela?

- Creo que sí. Es un lugar común, demasiado cursi, pero lo que me pasa es que lo siento así y nunca me había pasado. Es como estar medio en el aire, medio enajenado, partidx al medio... ¿Qué se hace con el amor?, le pregunta esperando una respuesta que lx ubique…

Ella, asumiendo ese lugar de saber que le habían dado responde. - Nada, se lo asiste y se le hace lugar. ¡Qué sé yo, mira lo que me preguntas! Te digo que a mí nunca me pasó. Cierra enojada.

- ¿Querés un poquito? Le pregunta casi como suplicando que le diga que sí. Se le notaba en la pregunta la necesidad de que ese amor pueda salir de sí, ser alojado. ¿A dónde lo pongo sino, qué se hace con el amor?, insiste.

Ella le toma de la mano y en ese gesto le devuelve la mirada y habilita la necesidad que sentía de que alguien más pudiese atestiguar lo que le estaba pasando.

- Me pasa que cuando la veo, la veo en detalle. Como si mis ojos pudiesen hacer un zoom muy sutil por cada ángulo de su cuerpo, por cada gesto y detalle. Veo todo en HD, y mi memoria va guardando esas pequeñas imágenes como rompecabezas. Después las veo involuntariamente, aparecen como flashes de distintos momentos o de esos rasgos con mucha fuerza; ¿todo lindo va a tener?

Ella se ríe conmovida por ese amor. No lo había sentido nunca, pero algo de lo que decía le tocaba el cuerpo y eso le gustaba.

- Mi cuerpo todo es como un flancito; estoy finitx, frágil. Me arde lindo el pecho, como un fueguito interno. Quiero romper este hechizo de una vez, ayudame.

- Es que no sé por qué te pasa eso, pero suena bien. ¿Por qué lo romperías?

- No sé. Es que a veces me dan ganas de llorar pero no de angustia, no sé de qué…

- Llorar de amor, ¡qué poético!, le dice con cierto tono burlón pero enternecida. A esta altura ella ya estaba totalmente conectada con la conversación, notaba que había una necesidad de decir, de hablar, de poder poner en palabras para que la conmoción ceda y estaba dispuesta a escucharle.

- Por ejemplo, el otro día conocí su casa. Es enorme y linda. Tiene plantas, libros, detallitos con historias y un gusto estético que me hizo que me gustara más. En cada rincón que descubría me imaginaba una historia. Cada espacio, cada hueco se me volvía deseo. Me veía ahí, acá o allá. Imaginaba escenas con ella. Se me armaba un cotidiano y se me venía una urgencia de materializarlo. ¿Me pasará sólo a mí esto?, continuaba hablando como una canilla mal cerrada. ¿Es posible que el amor o lo que sea que me pase sea una cosa de a unx?

- ¿Vos decís que capaz te estas comiendo un viaje?… ¿acaso eso importa? O que, ¿tenes miedo?

 - Y, un poco sí. Hay un poco de viaje, de miedo, de deseo. Te juro que nunca lo sentí tan hondo a este sentimiento, como si me tocara la piel, los huesos, como si me dejara electrizadx. Me es difícil apalabrar el movimiento interno que siento y me termina pasando eso, que me quedo sin palabras, parezco unx bobx por momentos. Digo lo que no quiero decir, hago lo que no quiero hacer, hablo como si hablase otra persona…no sé, es rarísimo. Estoy todo el tiempo pendiente de si la cagué, si dije algo que no debía, si le habrá gustado, si algo de lo que hice o dije le habrá tocado un poquito la piel.

- Me parece un montón lo que decís…y me parece hermoso. Capaz tengas que hacerlo; escribir, digo… aunque salga deslenguada, descuajeringada.

- ¿Todavía se escriben cartas de amor?

Ella no respondió, la pregunta quedó vibrando en el aire. Sintió que no era necesario. - Me tengo que ir. Cayó el sol y se empieza a poner frío.

- Dale, te veo el jueves.

Ella se levantó, se abrazaron y se sintió un mundo. Le había recitado esas palabras de amor que le había escrito en su cuaderno como pudo. Se levantó del banco de la plaza exactamente 7 minutos después; juntó el montoncito de amor que pulsaba adentro suyo y se lo llevó para macerarlo sola en su habitación.