Ocurrencias, juegos. Vuelvo a ellos. Vuelvo con el cuerpo, con el recuerdo, con el deseo.
Algo me detiene. La estrategia no es clara porque no la hay. Eso me detiene. No saber.
Los demás juegan, parecen jugar. Siempre me creo en offside. Mí limite.
El juego abre al mundo de lo posible, de lo infinito. Una actitud Toledo, una actitud que no censura, que difumina. Después se verá hacia dónde.
Ese mundo de lo posible es hoy, para mi, una institución que habito con dificultad, que bordeo y me da vértigo. Está en el margen. Se vuelve intocable, imposible, inefable.
Qué linda palabra esa: INEFABLE.