A lo largo de mi vida, sólo 2 veces me han dicho que NO. Esos NO vale por todos los NO que vivio cualquier hijo de vecino en mi generación. Han sido los momentos más duros de la infancia, los más memorables, los inalcanzables.
Pero a quién se le ocurriría decirle NO a un niño: a los padres, ¿a quién más? Son como las gallinas ponedoras, los ponedores de límites en la infancia. Encima ponen “huevos” cada día, ¡qué tragedia!
Pero a quién se le ocurriría decirle NO a un niño: a los padres, ¿a quién más? Son como las gallinas ponedoras, los ponedores de límites en la infancia. Encima ponen “huevos” cada día, ¡qué tragedia!
Mis dos NO fueron: cuando quise comprarme una bicicleta para disfrutar plenamente de la niñez con todos mis amigos de barrio y cuando tuve un principio de fiebre fanática por Machito Ponce con sus grandes éxitos como Samantha, Machito Hot Line y otras yerbas…Esos fueron los estímulos que generaron en mamá la temible y tan limitante palabra para un niño: NO. Esos NO que dejan su marca en las tablas de la negación infantil. Como la Aversión Adquirida al Sabor (AAS), el NO rotundo es un condicionamiento tan fuerte que un solo ensayo hace falta para que se instale en nuestro baúl de recuerdos.
Después de todo, de tantas lágrimas derramadas, berrinches aledaños y sollozos en silencio mi pregunta a ese monosílabo es: ¿por qué me habrán dicho que NO, en 24 años, sólo a esos objetos? Y, ¿por qué no me dijeron NO a mis intentos de saltar en Bungee – Jumping, de teñirme el pelo de colores o de meterme como loca demente en recitales como el de los Rolling Stones donde casi pierdo mi vida? Entonces me respondo:
· Tener una bicicleta de niño es como tener un auto, peligroso y omnipotente. Uno se siente GRANDE en posesión de ese objeto que tiene dos ruedas, dos pedales, un manubrio y los pelos al viento. Te arden los ojos de la emoción de manejar una bicicleta cuando uno aprende a sostenerse en dos ruedas. Simbólicamente es como si hubiésemos alcanzado el equilibrio oportuno para salir a la vida, que nos ardan los ojos de tanto llorar por el viento, que nuestros pelos flamen como bandera en mástil y se nos sequen las manos con el viento en el invierno. Y eso, es peligroso.
· El CD de Machito Ponce ¡qué tragedia!, tenerlo era como que los papas de mi tío le dejen ver los pechos a la Coca Sarly cuando era pequeño: pornográfico (porno-audible sería en este caso). Lo recuerdo como si fuese ayer. Intérprete de tantos éxitos y de las letras más excitantes de mi infancia. Aún hoy recuerdo la tapa de “ESE” CD: fondo blanco y una banana humanizada en el medio con anteojos. Cuando se lo mostré a mamá los ojos se le abrieron y los pelos se le pararon como cuando bajamos de la bicicleta, quedo dura y tuvo que pronunciar el limitante NO.
¡Qué tragedia! NO, y no se discute. Puchero a colación y exacerbación del deseo a posteriori con posibilidad de diseminación a otros elementos de la vida cotidiana.
El último NO que recibí durante gran parte de mi adolescencia fue por mis amadas zapatillas TORTUGA NINJA. No obstante, hoy, una vez que uno tiene bien ubicadas sus pertenencias corporales, lo que no te mata te hace más fuerte y mis elementos para pelear por revertir los NO han sido cada vez más fuertes.
Machito Ponce ¡allá voy en bicicleta pedaleando con mis “tortuga ninja”!
26 de junio de 2010
Después de todo, de tantas lágrimas derramadas, berrinches aledaños y sollozos en silencio mi pregunta a ese monosílabo es: ¿por qué me habrán dicho que NO, en 24 años, sólo a esos objetos? Y, ¿por qué no me dijeron NO a mis intentos de saltar en Bungee – Jumping, de teñirme el pelo de colores o de meterme como loca demente en recitales como el de los Rolling Stones donde casi pierdo mi vida? Entonces me respondo:
· Tener una bicicleta de niño es como tener un auto, peligroso y omnipotente. Uno se siente GRANDE en posesión de ese objeto que tiene dos ruedas, dos pedales, un manubrio y los pelos al viento. Te arden los ojos de la emoción de manejar una bicicleta cuando uno aprende a sostenerse en dos ruedas. Simbólicamente es como si hubiésemos alcanzado el equilibrio oportuno para salir a la vida, que nos ardan los ojos de tanto llorar por el viento, que nuestros pelos flamen como bandera en mástil y se nos sequen las manos con el viento en el invierno. Y eso, es peligroso.
· El CD de Machito Ponce ¡qué tragedia!, tenerlo era como que los papas de mi tío le dejen ver los pechos a la Coca Sarly cuando era pequeño: pornográfico (porno-audible sería en este caso). Lo recuerdo como si fuese ayer. Intérprete de tantos éxitos y de las letras más excitantes de mi infancia. Aún hoy recuerdo la tapa de “ESE” CD: fondo blanco y una banana humanizada en el medio con anteojos. Cuando se lo mostré a mamá los ojos se le abrieron y los pelos se le pararon como cuando bajamos de la bicicleta, quedo dura y tuvo que pronunciar el limitante NO.
¡Qué tragedia! NO, y no se discute. Puchero a colación y exacerbación del deseo a posteriori con posibilidad de diseminación a otros elementos de la vida cotidiana.
El último NO que recibí durante gran parte de mi adolescencia fue por mis amadas zapatillas TORTUGA NINJA. No obstante, hoy, una vez que uno tiene bien ubicadas sus pertenencias corporales, lo que no te mata te hace más fuerte y mis elementos para pelear por revertir los NO han sido cada vez más fuertes.
Machito Ponce ¡allá voy en bicicleta pedaleando con mis “tortuga ninja”!
26 de junio de 2010