Las estructuras se desvanecen, los materiales pierden su estructura y el tiempo se enloquece. El viento entra y sale de nuestros pulmones como si fuese el encargado del proceso de respiración, el sol obra a modo de reloj despertador y el canto de los pájaros nos indica que las ondas del sonido viajan en una dirección.
Un simple toldo se encarga de protegernos, y dormir mirando al cielo es un ensueño. La naturaleza al alcance de nuestras manos y la libertad por ahí volando. Nos sentimos despojados de lo estructurado, los condicionantes se vuelven incondicionales compañeros de nuestros cuerpos a tal punto que no los reconocemos. Sentimos estar desnudos frente a lo inmenso y limpios de sudor y de pecado, el barniz de lo socialmente esperado queda atrapado en el establo. Sentirnos vivos, sentirlos vivos, sentirte vivo, saberse vivo.
Libres de tiempo y espacio, cada segundo es un millón de años acaparado. La esencia del ser humano contenida en un solo acto. Nada de qué hablar, nada de qué pensar, nada por qué pensar, solo tiempo para observar y disfrutar.
Saber y aprender a sobrevivir, saber y aprender a vivir, saber y aprender a convivir: el único lujo es estar allí. Se es porque nada ni nadie te lo impide, cada quien por su nombre sin importar la edad, la raza o su sexualidad. Todos somos parte, tomamos parte y formamos parte sin distinción ni preocupación. Un solo encendedor ilumina todo el fogón y enciende las luces de la emoción. El fuego es de todos, el lugar es de todos, el cielo es de todos, los árboles son de todos, los animales son compartidos y el sentimiento es el mismo.
Vivir eternamente en la simplicidad, sin barreras para caminar. El tiempo pierde su esencia, pues da igual cenar con el sol metido en nuestras venas que dormir bajo las estrellas. Es lo mismo si vas o vienes a un lugar porque un millar de caminos posibles te convierten en dueño y autor de cada canción que se dibuja al pisar un lugar.
Es alejarse del consumo, de lo material, del capital, de lo global y las eternas redes de comunicación. Es transformar la masa de ladrillos que edifican por dónde debemos caminar en posibles colinas que nos transportan a un lugar que jamás habremos de entender y conocer por su inmensidad. Es soñar, gritar y llorar. Es deslumbrarse, es mirar sin buscar una explicación, es simplificar. Es respirar, es libertad, es disfrutar. Es compartir, es sentir y caminar: es vivir desnudos de legalidad.
Un simple toldo se encarga de protegernos, y dormir mirando al cielo es un ensueño. La naturaleza al alcance de nuestras manos y la libertad por ahí volando. Nos sentimos despojados de lo estructurado, los condicionantes se vuelven incondicionales compañeros de nuestros cuerpos a tal punto que no los reconocemos. Sentimos estar desnudos frente a lo inmenso y limpios de sudor y de pecado, el barniz de lo socialmente esperado queda atrapado en el establo. Sentirnos vivos, sentirlos vivos, sentirte vivo, saberse vivo.
Libres de tiempo y espacio, cada segundo es un millón de años acaparado. La esencia del ser humano contenida en un solo acto. Nada de qué hablar, nada de qué pensar, nada por qué pensar, solo tiempo para observar y disfrutar.
Saber y aprender a sobrevivir, saber y aprender a vivir, saber y aprender a convivir: el único lujo es estar allí. Se es porque nada ni nadie te lo impide, cada quien por su nombre sin importar la edad, la raza o su sexualidad. Todos somos parte, tomamos parte y formamos parte sin distinción ni preocupación. Un solo encendedor ilumina todo el fogón y enciende las luces de la emoción. El fuego es de todos, el lugar es de todos, el cielo es de todos, los árboles son de todos, los animales son compartidos y el sentimiento es el mismo.
Vivir eternamente en la simplicidad, sin barreras para caminar. El tiempo pierde su esencia, pues da igual cenar con el sol metido en nuestras venas que dormir bajo las estrellas. Es lo mismo si vas o vienes a un lugar porque un millar de caminos posibles te convierten en dueño y autor de cada canción que se dibuja al pisar un lugar.
Es alejarse del consumo, de lo material, del capital, de lo global y las eternas redes de comunicación. Es transformar la masa de ladrillos que edifican por dónde debemos caminar en posibles colinas que nos transportan a un lugar que jamás habremos de entender y conocer por su inmensidad. Es soñar, gritar y llorar. Es deslumbrarse, es mirar sin buscar una explicación, es simplificar. Es respirar, es libertad, es disfrutar. Es compartir, es sentir y caminar: es vivir desnudos de legalidad.
04 de marzo de 2008