Entre golpes y dulces lágrimas transita nuestra historia, amiga y enemiga de esta unión de pequeños y finos hilos de manteca que se van derritiendo por el calor de nuestras manos que intentan no soltarse, en un intento vano de no volver a separarse o quizá de no romper una cerda más para no seguir alimentando este abismo oscuro y tenebroso que nos separa y nos bloquea poco a poco. ¿Es que acaso no te das cuenta de lo que se va?
A veces me gusta confiar y lograr la calma pensando que es una forma de estar cerca, de sentirnos unidos y lograr que esos hilos, en un último intento, logren tejer esa lamina de afecto que envuelve nuestras almas.
¿Es orgullo?, ¿puede acaso evitar e impedir un lazo?
Lastima, tristeza, desazón, son sinónimos de mi alma cuando te ven, cuando intenta volver el tiempo atrás y latir despacio, dulce y paciente para darle un giro a este vacío entre nuestras sombras, entre mi mirada y tu mirada, entre nuestros cuerpos.
¿Qué sos?, ¿Quién sos?, no te conozco. Pero siento ser tu aliento, tu risa y suspiro.
¿Y vos?, ¿Qué de vos?, nada. Ni una señal, ni un mínimo cantar. Es que no estas, es que no intentas ni sueñas estar en la inmensidad de la noche que tantas veces me inunda, como a esos amigos que no ven, simplemente nadan y esperan pacientemente la llegada de su último latido. Pues yo no, yo espero firme y decidida tu llegada, tu intento, tu encuentro. No estoy dispuesta a morir en un último latido vacío y mojado de lágrimas que con el ritmo de mi adiós bailan la canción de mi corazón.
¿Mereces esto? ¿Me darías algo tan preciado como tu tiempo? Mejor dejemos de lado el “qué hace” uno por el otro, simplemente entreguemos por el placer de compartir, de vivir y sonreír juntos, como en pequeños fragmentos de segundos que en un soplido desaparecen y dejan airoso al ganador de haber formado parte de él.
Mejor busquemos paz, busquemos tenernos ahí, mantener estos hilos finos firmes. De a poco aquellos cortados se irán uniendo y tomándose unos de otros hasta pintar ese abrazo que se quebrantó aquel verano que intentamos ser parte de un mismo núcleo..
02 de Marzo del 2005
A veces me gusta confiar y lograr la calma pensando que es una forma de estar cerca, de sentirnos unidos y lograr que esos hilos, en un último intento, logren tejer esa lamina de afecto que envuelve nuestras almas.
¿Es orgullo?, ¿puede acaso evitar e impedir un lazo?
Lastima, tristeza, desazón, son sinónimos de mi alma cuando te ven, cuando intenta volver el tiempo atrás y latir despacio, dulce y paciente para darle un giro a este vacío entre nuestras sombras, entre mi mirada y tu mirada, entre nuestros cuerpos.
¿Qué sos?, ¿Quién sos?, no te conozco. Pero siento ser tu aliento, tu risa y suspiro.
¿Y vos?, ¿Qué de vos?, nada. Ni una señal, ni un mínimo cantar. Es que no estas, es que no intentas ni sueñas estar en la inmensidad de la noche que tantas veces me inunda, como a esos amigos que no ven, simplemente nadan y esperan pacientemente la llegada de su último latido. Pues yo no, yo espero firme y decidida tu llegada, tu intento, tu encuentro. No estoy dispuesta a morir en un último latido vacío y mojado de lágrimas que con el ritmo de mi adiós bailan la canción de mi corazón.
¿Mereces esto? ¿Me darías algo tan preciado como tu tiempo? Mejor dejemos de lado el “qué hace” uno por el otro, simplemente entreguemos por el placer de compartir, de vivir y sonreír juntos, como en pequeños fragmentos de segundos que en un soplido desaparecen y dejan airoso al ganador de haber formado parte de él.
Mejor busquemos paz, busquemos tenernos ahí, mantener estos hilos finos firmes. De a poco aquellos cortados se irán uniendo y tomándose unos de otros hasta pintar ese abrazo que se quebrantó aquel verano que intentamos ser parte de un mismo núcleo..
02 de Marzo del 2005