5 de septiembre de 2007

Mucho para poco ®

Un torbellino golpea mi alma. Una dama inquieta trata de menguar esta crisis. La razón busca apaciguar este río turbio que fluye por mi cuerpo, que anima mi incertidumbre y golpea mi tormento.
Cuan lejos estoy de encontrar la calma, la paz, esa sensación de estar suspendido por un momento súbito del tiempo, donde nada parece estropear, movilizar o animar esa mezcla de sensaciones que corren por mis venas, cuando mi alrededor se cuestiona, se pregunta, se examina a si mismo en busca de una señal, de un alguien, de una voz que cautive a mi otro yo.
Alter ego divino y dañino, amigo y traidor de mi corazón. Responsable y autor de este impetuoso sentimiento de perplejidad que ahoga mi esencia, y me impide ser, estar, volar y triunfar. Dos acepciones admiten tus letras. Ese otro parte de uno mismo, y ese otro externo, amigo, sentido y querido al cual hoy no logro encontrar. O tal vez, no lo se apreciar, valorar y aceptar como un hecho, como un alguien, como un todo.
Es que mi razón esta empañada de obstáculos, de motivos, de quisquillosas y minuciosas estigmas que impiden esa calma, esa sensación de simplicidad, de poder tomar el viento con mis manos sin que se escape, sin que se escurra como mofándose de mi sentimiento, poder acariciarlo con esa tranquilidad que conduce nuestras acciones, nuestra vida.
Sin más motivo por el cual continuar estas líneas, comienzo a cerrar este capitulo de mi vida, donde atisbos de conciencia plena de mi problema, de mi demencia, no parece ser seguro, concreto. Engaña mi mente, mi alma, mi tolerancia y produce el quiebre, la tormenta, ese atolondrado torbellino de razonamientos que me deja perpleja, casi inmóvil, y me prohíbe zanjar estas dudas, estas simplezas, que sin más que espontaneidad en nuestras acciones nos hacen triunfadores de cosas tan simples como vivir, resistir, seguir y exigir a este mundo lleno de sospechas, cambios y sorpresas, certezas y enterezas que construyan el camino, ese itinerario a la calma.

06 de mayo de 2005